Lo que nos faltaba en España
Por si no eran lo suficientemente capaces desde otras instancias centrales para desmerecer a Valencia, aquí va nuestra impagable aportación a acallar conciencias y a desviar atenciones de lo que en realidad nos interesa. Y todo esto viene a cuento de la última contribución valenciana al cotilleo nacional, de la mano de los ínclitos John Cobra y Vicente Sanz.El primero porque fue lo suficientemente grave como para descalificar a un individuo que llegó a esa lid con una cierta y comprobada conducta que no podía finalizar de otro modo. Cierta la responsabilidad de la susodicha sierpe, porque fue su conducta personal lo que culminó en el desagradable espectáculo que fue ofrecido por la televisión, pero tampoco quitemos responsabilidad al ente televisivo por sus reiteradas dejaciones en algo que debería haber sido primordial.
Supongo que algo de jaleo en directo viene más que bien a esa cultura de la telebasura que por desgracia tanto vende, y en eso se fijarían para dejarle llegar a la final. Pero… de la misma forma y manera que apearon de la carrera a la periodista del corazón metida a cantante eólico-marina, TVE podía haberse deshecho de nuestro paisano John y no dar pie a la triste y esperpéntica gala. Su responsabilidad es saber a quién ponen delante de sus cámaras… Y si no lo sabían, un simple paseo por Puçol les hubiera despejado cualquier incógnita.
No tengo demasiado claro si un manoseado y desprestigiado derecho a la libertad de expresión hubiera condenado un acertado corte de emisión y paso a publicidad y, si ésta no existe, a repeticiones de actuaciones, incluida la de la Cobra que había emponzoñado el espectáculo. Si voy desencaminado, lo siento y pido perdón.
Creo que el único favor de TVE fue al que armó el lío. Le hizo mucha publicidad. Demasiada.
En cuanto al otro, pues qué vamos a decir. Cuando el río suena agua lleva, pero habrá que esperar a que hablen los Jueces que son los únicos, aunque no lo parezca en ocasiones, que deben juzgar. Lo que ha trascendido por la prensa es tan fuerte y desmesurado que puede resultar hasta increíble el hecho de que un personaje público pueda desenvolverse de esas formas y maneras. Pero, el tiempo lo dirá y si resulta culpable… pues para eso está el Código Penal.
Publicado por Ferran Martinez i Garcia, el 2 de febrero de 2010








¿Qué opinas?
Publicar un comentario